Rabietas

Claves para afrontar en positivo las rabietas de tu hijo

La mayoría de los padres de niños pequeños nos comentan que cuando éstos cumplen los 2 años aproximadamente, tienen un gran salto evolutivo en los diferentes ámbitos de su desarrollo:

  • En el plano cognitivo: hay una explosión del lenguaje y progresivamente empiezan a plantear pensamientos e ideas propias, razonamientos cada vez más elaborados que en muchas ocasiones sorprenden a los adultos.
  • A nivel sensoriomotor: demuestran una  gran capacidad para explorar el entorno, de querer descubrirlo de una forma cada vez más autónoma, se convierten en grandes atletas preparados para moverse constantemente, para aprender y desarrollar diferentes capacidades y habilidades sin descanso.
  • En el ámbito socioemocional: comienzan a sentar las bases de su propia personalidad, muestran su necesidad de expresar su emociones y empieza la dificultad para gestionar de forma positiva aquellas que más les incomoda. El cerebro del niño entre los 2 y 5 años es aún inmaduro, la corteza cerebral no está desarrollada, en este momento se rige principalmente la parte emocional. Esta es la etapa en la que los niños muestran egocentrismo, utilizan mucho el Yo y el Mío, además,  tienen una gran necesidad de autoafirmación: usan el NO constantemente,  demostrando con ello que tienen ideas diferentes de sus padres, algo muy positivo para el desarrollo de etapas posteriores.

Con todo estos aspectos,  esta es la etapa en la que puedes observar un gran avance en el desarrollo global, aunque todavía con gran nivel de inmadurez a nivel cerebral y por tanto, en su comportamiento, no es raro que en la mayoría de niños surjan explosiones emocionales, las “temidas” rabietas.

¿Pero qué es una rabieta?

En la primeras etapas del desarrollo, los niños actúan a través de dos factores: placer y displacer y en función de eso, el cerebro infantil reacciona a ello.

Una rabieta es la forma en la que los niños y niñas entre los 2 y 5 años aproximadamente expresan emociones que les generan displacer como la rabia, la frustración, la ira, el enfado…  Lo hacen a través de llantos, gritos, golpes… Es una forma negativa, a ojos del adulto, de gestionar la emoción pero, debido a la inmadurez de su cerebro, es la única que tiene.

Podemos decir que la rabieta trata de emitir un mensaje por parte del niño al adulto, “mamá, papá estoy enfadado y solo sé decírtelo así”

¿Y qué  podemos hacer los padres…?

Si como padres, no tenemos suficiente información sobre la etapa evolutiva en la que nuestro hijo se encuentra, es bastante difícil saber afrontar de forma positiva estas explosiones emocionales de nuestros pequeños.

Lo fundamental es comprender que en ese momento, nuestro hijo lo está pasando mal y que nosotros, que somos su referencia, podemos ofrecerles nuestra empatía y acompañarles para que aprendan progresivamente a expresar sus emociones de una forma más sana.

Existen cuentos, canciones, juegos y dinámicas que puedes utilizar para que tu hijo aprenda a identificar y gestionar de forma positiva sus emociones, recursos muy útiles para poder favorecer su inteligencia emocional y conseguir mejorar vuestra relación, logrando que las rabietas dejen de ser una barrera o un motivo de conflicto familiar y sean una oportunidad de aprendizaje para todos.

¿Y tú como afrontas las rabietas de tu hijo? Si necesitas conocer recursos para poder acompañar a tu hijo de forma positiva en sus rabietas escríbenos a info@enpositivosi.com

Imágenes: Patrick Fore (Unsplash) , Pixabay

 

 

 

 

Traumas emocionales

Traumas emocionales y sus consecuencias

En la vida cotidiana cuando hablamos de traumas nos referimos a sucesos extraordinarios que dejan una huella en nuestra necesidad de sentir seguridad y previsibilidad del mundo que nos rodea. Las catástrofes naturales, los accidentes, el terrorismo o los abusos sexuales son vivencias con un gran impacto psicológico, pero que pueden ser integradas, siempre y cuando sean verbalizadas y elaboradas, siempre que haya un contexto humano que dé una respuesta de contención y apoyo, aún así, algunas veces será necesario acudir terapia.

Sin embargo, existen otro tipo de traumas a los que podemos denominar microtraumas que no son tan llamativos, pero que producen otras carencias, siendo uno de los motivos más frecuentes por las que muchas personas se acercan a la consulta de un terapeuta. El sufrimiento que provocan las frustraciones en los estados emocionales básicos durante nuestra infancia y adolescencia es sin duda uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en terapia.

Hablamos de la necesidad de recibir pruebas de amor durante nuestra infancia, que nuestro amor sea aceptado, de ser atendidos con regularidad, es decir, de poder mantener una relación afectiva e interactiva con al menos una persona y que ésta se muestre dispuesta a entender nuestros estados emocionales cuando ni siquiera nosotros mismos los entendemos. Poder disponer de alguien con el que poder desarrollar una relación intersubjetiva, es clave para que nos aporte confianza y seguridad en nosotros mismos.

Cuando esa necesidad es crónicamente insatisfecha, provoca lo que se denomina trauma emocional contextual,  ya que se produce en el contexto de la relación entre el niño y sus cuidadores. Los niños necesitan ver reflejados sus estados mentales en los padres para poder internalizar una representación secundaria de los mismos. La repetición de estas experiencias permiten al niño de ser consciente de sus estados emocionales, le ayudarán en la construcción de sí mismo como ser humano y mejorarán su bienestar psicoemocional. El feedback y el reconocimiento de los padres permitirá que el niño se reconozca en ellos y pueda conocerse, valorarse mejor y tener una mejor autoestima.

En las sesiones de psicoterapia intentamos reconstruir esa intersubjetividad que no ha podido desarrollarse en la infancia, de esta forma, la persona podrá redescubrirse y relacionarse de una forma segura sin mantener en la oscuridad partes de sí mismo que no fueron legitimadas en sus primeras relaciones.

Photo: (c) Asdrubal Luna – Unsplash

 

¿Qué hacer cuando mi hijo se porta mal?

¿Cómo puedo actuar ante los “malos comportamientos” de mis hijos?

Todos los niños necesitan sentirse queridos, aceptados y valorados.  Si no consiguen satisfacer esa necesidad de formar parte, de pertenecer y de ser querido acaban sintiéndose menos competentes, menos queridos, menos valiosos, unos sentimientos de inferioridad que son difíciles de tolerar, por eso, desarrollan conductas inadecuadas y egocéntricas para intentar lograr ese sentimiento de pertenencia. Estos comportamientos están basados en creencias erróneas, estos son algunos:

  1. BUSQUEDA DE ATENCIÓN EXCESIVA que responde a la creencia del niño “Solo soy importante cuando tengo atención constante, cuando los otros me notan o hacen algo por mí”.  ¿Cómo? Se pone pesado, reclama constantemente nuestra atención, se queja sin parar, exige… los padres nos sentimos molestos, irritados e incluso culpables. Solemos reaccionar tratando de persuadirle para que cambie su actitud, le damos mil explicaciones para que se porte bien, hacemos las cosas por él, gritamos para que pare…. Esto puede funcionar un tiempo pero rápidamente vuelve a la carga.

¿Qué podemos hacer? 

  • Ignorar esa conducta con la que quiere llamar nuestra atención de forma negativa y mantener la mayor calma posible
  • Asignarle tareas útiles en las que pueda cooperar
  • No hacer las cosas por él, podemos consolarle y apoyarle pero no hacer aquello que puede hacer por sí mismo
  • No sobreprotegerle para evitar posibles frustraciones o emociones desagradables
  • El niño necesita ser escuchado, prestarle atención cuando se porte bien
  1. LUCHA POR EL PODER que responde a la creencia del niño “Sólo me siento importante cuando soy el jefe, cuando te demuestro que no puedes obligarme, ni detenerme”.  ¿Cómo? Su comportamiento es desafiante, se niega a hacer lo que le dicen o simplemente lo hace cuando quiere. Ante esto, los padres nos sentimos retados, quizá cedemos, hasta que nos supera y reaccionamos tratando de obligar al niño a que ceda él, con castigos, amenazas y luchas de poder con lo que esa actitud se agrava aún más.

¿Qué podemos hacer?

  • Establecer normas que valgan para todos, una rutina que ayude al niño a saber que se espera en cada situación (que hablen los hechos, no nosotros)
  • Darle opciones limitadas y razonables para que él elija y evitar las luchas de poder. No pelear, nos retiramos de su radio de acción si es necesario
  • No ceder. Mejor no hablar y actuar siempre desde la tranquilidad, no como algo personal
  • Retírate a tranquilizarte si sientes que te estás poniendo a la defensiva
  1. VENGANZA que responde a la creencia del niño: “No creo ser importante para nadie, me han hecho daño así que yo haré lo mismo. Nadie puede quererme”. ¿Cómo? Se comporta de forma destructiva (o autodestructiva), agresiva, hiriente, grosera, vengativa…  conductas que nos hacen sentir heridos, pudiendo contraatacar y entrar en luchas de poder. Nos podemos sentir víctimas ¿Por qué me está haciendo esto? Incluso le castigamos con lo que el niño intensifica su comportamiento.

¿Qué podemos hacer?

  • Tener mucha paciencia. No reaccionar ante las provocaciones.
  • Reconocer y validar sus sentimientos. Se siente herido y hemos de reconocerlo.
  • No actúes cuando te sientas herido. Mejor retírate, cálmate y trata de hablar cuando estés tranquilo llegando a acuerdos claros
  1. VICTIMISMO que responde a la creencia del niño “Es imposible que le importe a alguien, no soy suficiente, soy inferior a los demás. ¿Para qué intentarlo?”.  ¿Cómo? Se muestra como ausente, indiferente, pesimista y desesperanzado. Repite la frase “no puedo” o similar con mucha frecuencia. O simplemente no hace nada, ha asumido que no puede. Ante esto los padres podemos sentirnos desesperados e inútiles, pues nada parece funcionar. Esa desesperanza puede llevarnos a enfadarnos, criticarle o compararle con otros niños o por el contrario, acabar haciendo el trabajo por él o rindiéndonos pensando que no hay nada que hacer ya.

¿Qué podemos hacer?

  • Nunca te rindas. Demuéstrale que crees en él, que tienes fe y confianza en que podrá
  • Recuérdale todo lo que ha logrado. Hazle ver sus fortalezas
  • Ayúdale a practicar lo que necesite
  • Ten mucha paciencia
  • Haz hincapié en cada paso positivo aunque sea pequeño

Entender y averiguar que les pasa a nuestros hijos nos puede ayudar a  ver que su conducta es algo más que un comportamiento molesto, irritante o malo. De esta forma, podremos intervenir para que nuestros hijos generen verdaderas habilidades para la vida, y que se sientan realmente comprendidos y valorados.

Es muy importante darle a nuestro hijo el mensaje “ME IMPORTAS” que va más allá de las palabras.

 

Imagen: (c) Jakob Owens (Unspash)

De relaciones tóxicas a relaciones sanas

Acabar con algunos comportamientos tóxicos que afectan en la infancia (2ª parte)

¿Que podemos hacer para evitar un ambiente familiar “tóxico” en  nuestra familia?

La mayoría de los padres queremos proporcionar a nuestros hijos una infancia feliz, sin embargo, en algunos casos, la familia puede convertirse en un factor de desequilibrio emocional, debido a una serie de rasgos tóxicos que afectan negativamente a los niños en tanto su salud física como emocional, en nuestro artículo puedes recordar y leer cuáles sobre esos comportamientos   http://enpositivosi.com/blog/?p=1315 Para poder cambiar esa dinámica,  lo primero es aceptar que no somos perfectos, sin enjuiciarse,  después, cambiar aquellas partes que no son positivas ni para nosotros ni para nuestros hijos, para eso te dejamos algunos recursos prácticos para acabar con ese ambiente:

  • Cambio de actitud: Reconocer las actitudes tóxicas que se puedan tener no es uan tarea fácil, muchas veces porque son pautas con las que algunos padres han sido educados, y otras, por puro desconocimiento, por eso, es importante que pensemos que todo lo que el niño vive, escucha, las relaciones que tiene en su entorno o el ambiente donde crece, son factores que van conformando su cerebro en desarrollo, debemos adoptar un estilo educativo donde se establezcan normas y límites desde la amabilidad, pero también con firmeza.  Por tanto, debemos centrarnos en la idea de que nuestra familia tiene que ser siempre una fuente de cariño y seguridad para nuestro hijo y no una causa de inseguridad o ansiedad.
  • Apostar por la comunicación familiar positiva: Habla con ellos y explicáles los peligros y consecuencias de sus actos. Si los niños viven con miedo lo que no conocen, pueden convertirse en el futuro en personas inseguras. Tienen que ser capaces de valorar por sí mismos los riesgos según van creciendo y los padres debemos darles la oportunidad de que lo hagan, aunque a veces se equivoquen.
  • Tu hijo es mucho más que sus resultados: Evita transmitirle la idea de que sólo cuando “se porta bien” y es obediente le quieres, es imprescindible que los niños sepan que les queremos siempre, hagan lo que hagan, sin condiciones, pero haciéndole saber que hay comportamientos que no nos gustan y no podemos permitirlos. Si condicionamos nuestro cariño a su actitud, crecerá pensando que no merece el amor de su familia.
  • Evitar la sobreprotección: Es necesario que tus hijos adquieran  progresivamente autonomía y realicen actividades por sí solos. Los padres tenemos la obligación de cuidar a nuestros hijos, pero evitando sobreprotegerlos. Para que puedan aprender, los niños tienen que explorar nuevos mundos y vivir nuevas experiencias, de esta forma conseguirán desarrollarse de una forma sana.
  • Educar en responsabilidad, no en la culpa: Cuando educamos en la culpa, el niño tiene tendencia a sentirse mal por lo que ha hecho, pero no aprende la manera correcta de actuar, sino que crecerá adoptando actitudes defensivas y evasivas, ya que es consciente de no haber cumplido las expectativas de los demás. Mientras que si educamos en la responsabilidad, el niño será capaz de integrar cada error como parte del proceso de aprendizaje, se sentirá implicado en su proceso de cambio, tendrá conciencia de que cada acto está vinculado a una consecuencia y sabrá gestionar sus propias emociones.

Recuerda que la familia tiene que ser siempre una fuente de cariño y seguridad para nuestro hijo y no una causa de inseguridad o ansiedad.

Photo by John-Mark Kuznietsov on Unsplash