
Cansancio, fatiga, somnolencia durante el día, falta de energía desde primera hora, alteraciones del sueño, pérdida de apetito, anhedonia, irritabilidad, ansiedad, tristeza, aturdimiento, agotamiento emocional y falta de concentración.
Al haber más luz activamos mayor cantidad de cortisol y menos melatonina. Para a reequilibrar el mecanismo necesitamos un extra de energía que se traduce en agotamiento. Con estos cambios también se modifican los horarios y las rutinas. Para evitar que se convierta en fatiga crónica podemos anticiparnos activando los hábitos de vida saludables: realizar ejercicio diario moderado (mejor al aire libre); alimentarse de forma equilibrada y mantener el cuerpo hidratado. Algunos médicos recomiendan tomar suplementos como la coenzima Q10 para favorecer la energía en las células y mantener un horario regular de sueño.
La buena noticia es que algunos estudios sugieren que, una vez pasado este periodo de adaptación, el aumento de luz y el calor estimulan la producción de endorfinas. Superado el túnel del terror primaveral, vas a sentirte mucho mejor.
Isabel Serrano-Rosa es psicóloga y directora de enpositivoSI