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Está bien pedir ayuda

25 min para recibir apoyo y superar la ansiedad

Hace varias semanas que Tomás no ve a su padre de 80 años ingresado por Covid en urgencias, después de enterrar a su madre este verano tras una larga lucha con un cáncer de hígado. Por si fuera poco, su empleo peligra pues hay gente joven que se maneja con mucha más agilidad que él en las nuevas tecnologías. Tomás está angustiado y enfadado por todo lo que está pasando y se siente una víctima. Por un lado está deseando ver a sus hijos el fin de semana, y por otro le urge estudiar la nueva herramienta virtual que necesita para desempeñar su trabajo. Le llaman del hospital para comunicarle que su padre empeora. Estresado y preocupado pierde la paciencia y grita a su hijo pequeño montando una escena en el supermercado. El mayor sale a defender a su hermano le y le reprocha a su padre el poco caso que les hace y que preferirían no verle. Tomás está desesperado, la tensión le sobre pasa, la incertidumbre le carcome. No tiene tiempo para hacer terapia regularmente aunque le gustaría pues le fue bien en otra ocasión.

Recuerda nuestra propuesta de  «Programa de Rescate Covid 19» ,  solicita una sesión sin compromiso y esa misma tarde recibe una llamada para realizar una SESIÓN RESCATE de 25 minutos que se desarrollo de esta manera:

«Invitamos a Tomás a buscar un sitio cómodo donde pueda hablar con tranquilidad y se sienta seguro y le proponemos respirar con conciencia, relajar la mente para poder gestionar mejor esas emociones difíciles que está viviendo, gracias a unos ejercicios de eficacia comprobada en neurociencia. Después de escuchar qué le produce miedo, dolor y rabia le acompañamos  a recordar sus fortalezas y poner claridad en donde sí y donde no puede cambiar lo que acontece. Juntos encontramos un espacio donde Tomás ensaya cómo será su realidad interior cuando ponga en práctica la herramienta que acaba de practicar. Agradecido se despide habiendo superado el momento de desesperación que le hubiera llevado a empeorar su situación (dando rienda suelta a su ira o generando más pensamientos catastróficos) y reencontrándose con una sabiduría propia que tenía olvidada.»

Todas las personas nos encontramos en algún momento con situaciones que nos desbordan. Cuando agentes externos y situaciones fuera de lo normal tocan a nuestra puerta y nos obligan a encerrarnos, la incertidumbre y las pérdidas pueden llegar a generar estrés, bloqueo o depresión. La psicoterapia breve tiene una duración de 25 a 30 minutos, sin compromiso a seguir en un proceso terapéutico; te permite recibir apoyo, acompañamiento y escucha en esos momentos en los que sientes que la situación te supera.

Atrévete a pedir y a recibir apoyo, escucha, ayuda. Ahora es un buen momento para hablar de eso que te inquieta, molesta, hace sufrir, o aquello que te cuesta abordar y sin embargo sabes que te resta. Acude a esta terapia sin el compromiso de continuar con más sesiones. Si necesitas hablar con alguien, podrás encontrar una mano amiga. 

Tomarse en serio un cambio de actitud es el primer paso.

¿Qué hacer cuando mi hijo se porta mal?

¿Cómo puedo actuar ante los «malos comportamientos» de mis hijos?

Todos los niños necesitan sentirse queridos, aceptados y valorados.  Si no consiguen satisfacer esa necesidad de formar parte, de pertenecer y de ser querido acaban sintiéndose menos competentes, menos queridos, menos valiosos, unos sentimientos de inferioridad que son difíciles de tolerar, por eso, desarrollan conductas inadecuadas y egocéntricas para intentar lograr ese sentimiento de pertenencia. Estos comportamientos están basados en creencias erróneas, estos son algunos:

  1. BUSQUEDA DE ATENCIÓN EXCESIVA que responde a la creencia del niño “Solo soy importante cuando tengo atención constante, cuando los otros me notan o hacen algo por mí».  ¿Cómo? Se pone pesado, reclama constantemente nuestra atención, se queja sin parar, exige… los padres nos sentimos molestos, irritados e incluso culpables. Solemos reaccionar tratando de persuadirle para que cambie su actitud, le damos mil explicaciones para que se porte bien, hacemos las cosas por él, gritamos para que pare…. Esto puede funcionar un tiempo pero rápidamente vuelve a la carga.

¿Qué podemos hacer? 

  • Ignorar esa conducta con la que quiere llamar nuestra atención de forma negativa y mantener la mayor calma posible
  • Asignarle tareas útiles en las que pueda cooperar
  • No hacer las cosas por él, podemos consolarle y apoyarle pero no hacer aquello que puede hacer por sí mismo
  • No sobreprotegerle para evitar posibles frustraciones o emociones desagradables
  • El niño necesita ser escuchado, prestarle atención cuando se porte bien
  1. LUCHA POR EL PODER que responde a la creencia del niño “Sólo me siento importante cuando soy el jefe, cuando te demuestro que no puedes obligarme, ni detenerme”.  ¿Cómo? Su comportamiento es desafiante, se niega a hacer lo que le dicen o simplemente lo hace cuando quiere. Ante esto, los padres nos sentimos retados, quizá cedemos, hasta que nos supera y reaccionamos tratando de obligar al niño a que ceda él, con castigos, amenazas y luchas de poder con lo que esa actitud se agrava aún más.

¿Qué podemos hacer?

  • Establecer normas que valgan para todos, una rutina que ayude al niño a saber que se espera en cada situación (que hablen los hechos, no nosotros)
  • Darle opciones limitadas y razonables para que él elija y evitar las luchas de poder. No pelear, nos retiramos de su radio de acción si es necesario
  • No ceder. Mejor no hablar y actuar siempre desde la tranquilidad, no como algo personal
  • Retírate a tranquilizarte si sientes que te estás poniendo a la defensiva
  1. VENGANZA que responde a la creencia del niño: “No creo ser importante para nadie, me han hecho daño así que yo haré lo mismo. Nadie puede quererme”. ¿Cómo? Se comporta de forma destructiva (o autodestructiva), agresiva, hiriente, grosera, vengativa…  conductas que nos hacen sentir heridos, pudiendo contraatacar y entrar en luchas de poder. Nos podemos sentir víctimas ¿Por qué me está haciendo esto? Incluso le castigamos con lo que el niño intensifica su comportamiento.

¿Qué podemos hacer?

  • Tener mucha paciencia. No reaccionar ante las provocaciones.
  • Reconocer y validar sus sentimientos. Se siente herido y hemos de reconocerlo.
  • No actúes cuando te sientas herido. Mejor retírate, cálmate y trata de hablar cuando estés tranquilo llegando a acuerdos claros
  1. VICTIMISMO que responde a la creencia del niño “Es imposible que le importe a alguien, no soy suficiente, soy inferior a los demás. ¿Para qué intentarlo?».  ¿Cómo? Se muestra como ausente, indiferente, pesimista y desesperanzado. Repite la frase “no puedo” o similar con mucha frecuencia. O simplemente no hace nada, ha asumido que no puede. Ante esto los padres podemos sentirnos desesperados e inútiles, pues nada parece funcionar. Esa desesperanza puede llevarnos a enfadarnos, criticarle o compararle con otros niños o por el contrario, acabar haciendo el trabajo por él o rindiéndonos pensando que no hay nada que hacer ya.

¿Qué podemos hacer?

  • Nunca te rindas. Demuéstrale que crees en él, que tienes fe y confianza en que podrá
  • Recuérdale todo lo que ha logrado. Hazle ver sus fortalezas
  • Ayúdale a practicar lo que necesite
  • Ten mucha paciencia
  • Haz hincapié en cada paso positivo aunque sea pequeño

Entender y averiguar que les pasa a nuestros hijos nos puede ayudar a  ver que su conducta es algo más que un comportamiento molesto, irritante o malo. De esta forma, podremos intervenir para que nuestros hijos generen verdaderas habilidades para la vida, y que se sientan realmente comprendidos y valorados.

Es muy importante darle a nuestro hijo el mensaje «ME IMPORTAS» que va más allá de las palabras.

 

Imagen: (c) Jakob Owens (Unspash)

Depresión en verano

Algunas personas se deprimen en verano: es el Trastorno Afectivo Estacional

La época estival se asocia a vacaciones, sol, playa, descanso y tiempo libre. Parece que todo el mundo desea la llegada del verano como agua de mayo, no obstante para el 1% de la población norteamericana el Trastorno Afectivo Estacional se produce en verano y no en el sombrío y frío invierno según la Sociedad Americana de Psiquiatría.  La explicación puede residir en parte en el calor, la humedad y los cambios de rutina que son afectados por el aumento en horas de luminosidad. Los síntomas consisten en menor apetito, insomnio y una mayor irritabilidad.

No debemos despreciar tampoco otros factores que pueden incidir en hacer del verano una etapa del año para olvidar:

  • Las expectativas de todo el curso pueden verse frustradas por la imposibilidad de tomar vacaciones a la vez que somos testigos de cómo nuestros vecinos hacen las maletas y se dirigen a su destino de descanso.
  • La comparación negativa con los demás o con pasados veranos en los que teníamos más energía y salud terminan por oscurecer nuestro ánimo.
  • El no tener que trabajar y el excesivo tiempo libre pueden dar lugar a sentir vacíos y preocupaciones que hacen que desconectemos de las posibilidades que tiene el presente.
  • La consciencia del paso del tiempo que se da en momentos como la Navidad o la época estival nos confronta con cómo hemos aprovechado el año.
  • El hecho de vestir con ropas que cubren menos o de tener que usar el traje de baño genera estrés en personas que son sensibles a la opinión de los demás.
  • Retirarse y no salir cerraría el círculo del aislamiento y de la autocompasión mientras la mayoría de la población se relaciona al aire libre.

Ante todo no se sienta un bicho raro. Duerma las horas necesarias. Salga a hacer actividades físicas en momentos de menos calor. Dedique tiempo a la relajación. Relaciónese con sus allegados. Acepte que este no es el verano de su vida y que no es el fin del mundo. No se avergüence de no estar como unas castañuelas.

(c) pixabay