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¿Qué caracteriza una relación sana de pareja?

 

Nada produce más emociones positivas y sentido del bienestar que las relaciones humanas satisfactorias, de la misma forma que los conflictos en el ámbito de las relaciones producen un enorme sufrimiento.

Isabel Serrano Rosa, directora de enpositivoSI, nos dice que hablar de pareja hoy es remitirse a momentos de cambio y transformación.  Más allá de que la elección de la pareja tenga un fuerte componente inconsciente, tenemos que saber que llegará el momento en el que la pareja nos va a decepcionar y nosotros a ella. La pasión con el tiempo disminuye y el equilibrio del amor sólido conlleva grandes dosis de perdón y agradecimiento. Una relación sana evoluciona con el paso del tiempo. Según los psicólogos Bader y Pearson, esta evolución se desarrolla en estas cuatro etapas:

  1. Etapa  de Fusión la fase del “somos uno:  basada en la pasión, aunque como nos dice Isabel Serrano, la evolución sana de la relación será con el paso del tiempo convertirnos de nuevo en dos. Es inevitable, pero cuando la pareja no acepta esta evolución se produce un momento de crisis.
  2.  Etapa de Diferenciación: Momento en el que la relación que se basa en la intimidad. Se necesitan espacios propios sin el otro miembro, nuestra pareja ya ha podido diferenciarse e incluso decepcionarnos. Hay parejas a las que les cuesta evolucionar, viven las diferencias como traiciones o faltas de respeto. En este momento es fundamental valorar y mostrar interés por lo que el otro hace.
  3. Etapa Práctica: Esta fase está basada en el compromiso. Las parejas buscan soluciones en lugar de rumiar los problemas. Cómo nos recomienda Isabel, si hay problemas, háblalos con tu pareja mejor que con terceros. Con los amigos uno se desahoga, pero no se resuelven los problemas.
  4. Etapa de Acercamiento:  Se integran los tres ingredientes del triángulo del amor que son Intimidad+Pasión+Compromiso. Se amplía la idea de relación, hay más cosas que se pueden hacer en pareja y se buscan nuevas experiencias que se ajusten a nuevas necesidades. Es el momento de reencontrarse con el Nosotros, sumando el tú y el yo.

Mantener la relación implica aprender a evolucionar y crecer junto al otro manejando las adversidades y las diferencias.  No hay magia, la creación de una relación feliz requiere compromiso y empeño. Una relación sana significa, dar amor, respeto y apoyo, y  lo mismo a cambio, y cuando decimos sana no significa «perfecta»,  toda relación tiene sus defectos o debilidades.

 

 

 

 

 

Saber elaborar los conflictos a través del juego

El «Pilla Pilla» versión COVID-19

Desde un banco del parque pude observar el juego de cuatro niños de entre ocho y diez años. Jugaban al clásico «Pilla pilla» pero con una variación digna de mención. El que perseguía era “el coronavirus” que quería alcanzar a sus tres compañeros. Uno de ellos hacía de “viejecito” y simulaba ir con bastón y despacito. Otro hacía de “médico” e intentaba esquivar al “coronavirus”  quedándose cerca, como si lo desafiara. El tercero hacía de “niño” y se le escuchaba “puedes cogerme pero no me puedes hacer nada, soy pequeño”. El “coronavirus” era un niño sonriente como sonríen los que no tienen miedo a nada. Iba despacio con seguridad de que tarde o temprano alcanzaría a los otros. El que hacía de “viejecito” hacía trampas y corría de vez en cuando mientras los demás protestaban “¡Eh! ¡No puedes hacer eso. Tú puedes esconderte pero no correr, eres un abuelo! Eso es lo que intentó a continuación pero el “coronavirus” lo descubrió con la complicidad del “niño” que riéndose le hizo señas de donde se encontraba, ¡Te pillé, al hospital que vas! le dijo al tiempo que se abalanzaba sobre él. Mientras los otros se congratulaban de no ser ellos las víctimas.

Fue una escena impactante. Cuatro niños que exorcizaban su tensión sobre el COVID-19 corriendo y riendo. El coronavirus terminó cazando al “viejecito” con ayuda del “niño”. Parece el guion de la transmisión intrafamiliar. Quiero creer que el inconsciente infantil sabe que tienen que tener cuidado porque los más frágiles son los abuelos. Quizá ese juego fue la experimentación de una fantasía conjunta de miedo por ellos mismos y sus mayores. El hecho que fuera algo divertido y que todos salieran “vivos” fue la mejor manera de enfrentar sus temores.

Esa forma de elaborar los conflictos a través de algo inofensivo como el juego,  puede ser una herramienta central para enfrentarnos a la realidad sin desbordarnos por la angustia. Los niños tienen más recursos de los que creemos y quizá los adultos deberíamos apropiarnos de formas más adecuadas de lidiar con la ansiedad que no sea la preocupación obsesiva o la negación maníaca.

Jesús Maria Prada (psicólogo)

 

 

 

Vivir desde el miedo

Dejando la mascarilla a un lado

El otro día dejé la mascarilla a un lado para tomar un café. Una pareja empezó a discutir en la mesa de al lado. La violencia verbal iba en aumento. Entre el bullicio de los desayunos nadie parecía prestarles atención. Uno de los dos se rompió en un sollozo, el otro lo miraba con desprecio. Los dos se agredían con el cuerpo, la palabra y la mente, cuando uno de ellos se levantó airado…y le gritó a su pareja:  «¡Basta ya! ¡Te soporto menos que a la mascarilla! Necesito aire, alejarme de ti.»  Se levantaron y se marcharon.

Yo me quedé pensativa, reflexionando sobre lo acontecido dejando la mascarilla a un lado. ¿Qué miedos tendrían?  Cuando padecemos episodios de ansiedad desmedida, pasamos a ser instrumento del cuerpo. Este se envenena de miedo o de ira llevado por el temor a perder algo valioso. En el miedo desproporcionado nos volvemos objeto de «otro», es la reacción la que toma el poder para crear nuestra realidad. Cuando nos permitimos vivir desde este estado de miedo nos descubrimos pensando, sintiendo o haciendo cosas que nos hacen daño y también causan dolor a los demás. La elección es nuestra.

Miryan Wodnik, psicóloga enpositivoSI

Poner límites, el reto de muchos padres

Saber poner límites para obtener un bien mayor

Cada vez vemos a más niños que al salir de clase lanzan  un “toma” a sus padres dándoles la mochila, o bien un “dame la merienda”, o “vamos al parque”…. Y cada vez observamos a más padres llevando la mochila y sobre todo aceptando resignados todas  las “peticiones” de sus hijos o dando eternas explicaciones de porque no pueden ir esa tarde al parque. En el mejor de los casos les convencen pero en muchos otros se sucede un “bueno…. pero solo un ratito” que luego se convierte en un tiempo indefinido hasta que el niño decide que quiere volver a casa.

Qué limites fijar y sobre todo, cómo hacerlo, es hoy en día una de los retos más grandes al que los padres y madres nos enfrentamosNo es fácil decir NO, incluso cuando queremos decir NO, marcar límites, poner normas y hacer que se cumplan, aunque eso no les guste. Decirles SI cuando hace falta un NO, para agradarles o para que nos quieran es algo egoísta ya que usamos a nuestros hijos para llenar nuestros vacíos emocionales e inseguridades.

Los padres durante una larga etapa de crecimiento del niño, debemos tomar decisiones, a veces difíciles, que no le van a gustar, por eso es preciso asumir la impopularidad de determinadas medidas, y aún así, tomarlas. Los hijos pequeños no tienen la madurez ni la experiencia necesarias para valorar la importancia de algunas medidas educativas que los padres debemos adoptar. Los límites siempre puestos con respeto y cariño, no son para hacerles sentir mal ni para coartar, sino para prevenir y conseguir un bien mayor: aumentar su nivel de libertad y responsabilidad, capacitarlos como personas aptas para la convivencia.

Queremos dar la enhorabuena a todos esos padres que no acceden a las exigencias de sus hijos, chantajes emocionales…. Y toman decisiones a veces en contra de lo que quieren sus hijos porque entienden que es lo que les conviene y es bueno para ellos y para todos los miembros de la familia.

María Ramos, psicóloga enpositivoSI