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El poder y la magia de la sonrisa

Sonreír nos hace sentir mejor

En muchas ocasiones es el reflejo de un estado de bienestar o placer, pero lo más sorprendente es que el simple hecho de sonreír nos hace sentir mejor, sonreírse a uno mismo incluso de forma voluntaria y algo forzado, mejora el ánimo.

La sonrisa le dice a nuestro cerebro que todo va bien, le ayuda a segregar hormonas como la  endorfina, dopamina, serotonina y oxitocina, que contribuyen a reducir el dolor físico, emocional y mejorar la salud, porque activan nuestro sistema neuroendocrino e inmunitario, elevan el número de leucocitos y favorecen la plasticidad cerebral.

Según numerosos estudios, las personas risueñas viven más, gozan de mejor salud, tienen mejores relaciones, son más atractivas, desarrollan su inteligencia y disfrutan de mayor equilibrio emocional.

La sonrisa se asocia con la alegría, una emoción que se produce cuando vivimos el presente satisfechos con nosotros mismos y  nos abre las puertas del futuro. Elige cualquier motivo para sonreír y comprueba los cambios, los seres humanos tenemos como mínimo, seis buenos motivos para sonreír cada día.

 

¡Nos han declarado la Navidad!

Tengamos la fiesta en paz, cinco maneras para sobrevivir a la Navidad

Tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina y estas fechas, queramos o no, nos estresan y nos remueven. Son días de encuentros familiares y en muchos casas se hace evidente cómo son las relaciones entre unos y otros. Son días que, aunque intentemos que no la haya, todos sentimos presión: porque todo esté perfecto, porque no haya  conflictos, porque los regalos gusten, porque mi hijo se porte bien, porque…

 ¿Qué puedes hacer para tener la fiesta en paz estas Navidades?

  1. Aprende a respirar: es básico y sí, todos lo hacemos, pero la mayoría de veces no lo hacemos bien. Respiramos tensos, sólo con la parte torácica… Si estar en la mesa con tíos y primos con quienes no nos llevamos muy bien nos saca de quicio, si nuestro hijo no para de correr y tirar cosas por el suelo… RESPIREMOS. Todo es mucho más fácil cuando lo hacemos, y a la vez, nos ayudará a tomar una cierta distancia.
  2.  Practica la empatía: Para los niños son días también estresantes, demasiados regalos y mucha gente en las casas les pone a mil por hora y eso. Por lo tanto, aceptemos que estos días son así, a ratos estresantes. Sintamos empatía hacia ellos, muchas veces están sobre estimulados, ya habrá tiempo para relajarnos y volver a la rutina. Empatía también con los demás: con los abuelos, padres, suegros, tíos, etc… Todos estamos en mayor o en menor medida estresados. Cuanta más empatía sintamos, mejores serán estas fiestas: más amorosas, cercanas y mucho más tranquilas.
  3.  Sé amable: Con los demás pero también con nosotros mismos. Si nos hemos puesto nerviosos porque no hemos sabido qué decir cuando tal familiar nos ha parecido que nos juzgaba, si perdemos la paciencia con nuestros hijos… seamos amables. Respiremos y no nos pasemos los tres días siguientes dándole vueltas enviándonos mensajes negativos :  “debía haberle dicho esto o aquello, no sé cómo manejar estas situaciones con mis hijos…” No vale la pena y no nos hará ningún bien. Recuerda que nadie es perfecto. Intenta reparar el error si es oportuno y sigue adelante.
  4.  Reconoce y acepta tus emociones y las de tus hijos: Si viene tristeza, porque un familiar cercano murió hace poco o porque los padres se hayan separado, dejemos que venga esta emoción, que salga y que se marche. Si viene alegría, disfrutemos, pero si viene rabia, mal humor, celos, competición o lo que sea… respiremos, démonos cuenta, dejemos que pase y liberémonos de ello, si es posible. Tampoco le tengamos miedo a que nuestros hijos expresen sus emociones, incluso las “negativas”, se suelen disipar cuando les permitimos expresarlas, cuando le ponen nombre y saben que les comprendemos. Por supuesto, potenciemos  lo más que podamos las emociones positivas como el optimismo, la alegría, el entusiasmo y sobretodo la gratitud.
  5. Busca un tiempo para ti sol@: Regalémonos un momento de silencio, un espacio íntimo, donde podamos conectar con la calma y sobre todo, un momento para poder concluir. El año se acaba y a veces viene bien hacer un parón en el camino para darnos cuenta de cómo ha sido, de cómo queremos que sea el próximo y, si nos apetece, agradecer lo vivido.

Espero que esto haga que podáis disfrutar un poco más de estas Navidades.

 

¡Feliz Navidad a tod@s!

 

Crédito foto: Rawpixel Photo Unsplash

El equilibrio psicológico

Aristóteles nos decía, hace ya más de 24 siglos, que en el justo medio estaba la virtud, es decir el equilibrio entre dos extremos, desde el punto de vista psicológico ese centro o punto medio también es positivo, es lo que se denomina tener una alta estabilidad emocional.

 

Las personas que tienen ese equilibrio psicológico y emocional suelen tener un enfoque realista de la vida, no se ven afectadas con facilidad por los problemas o reveses cotidianos. Por eso, ante situaciones de estrés o dificultades, reaccionan con moderación y suelen reponerse con una relativa facilidad. Sus emociones son estables, no se dejan llevar por ellas, tampoco  por sus impulsos, en otras palabras no suelen tener grandes cambios de humor, ni de ánimo,  son pacientes, tranquilas, perseverantes y confiables. Las personas con una alta estabilidad emocional funcionan de una manera flexible y a la vez controlada.

 

En general cumplen estas características:

  1. Emocionalmente estables
  2. Buena capacidad para manejar sus emociones
  3. Enfoquen realista de la vida
  4. Aceptan lo que no pueden cambiar, pero cambian lo que sí pueden
  5. Toleran bien el estrés de la vida cotidiano
  6. Buena capacidad para manejar sus impulsos, no actúan de forma exagerada con gritos o lloros desproporcionados
  7. Son capaces de sentir compasión y empatía
  8. Conocen sus limitaciones  y aptitudes, saben  valorar sus capacidades y la de los demás
  9. Se enfrentan al contratiempo, intentan solucionarlo sin acudir a vías de escape como drogas, alcohol…
  10. Saben compartir, pedir ayuda y ofrecerla.

La mayoría de las personas solemos encontrarnos  en un nivel intermedio entre el nivel de  alta estabilidad emocional hasta un alto grado de neuroticismo o inestabilidad emocional.

Educación positiva

 Educación positiva frente a la educación autoritaria y al castigo

Las herramientas y recursos pedagógicos basados en la autoridad y disciplina positiva pueden ser muy útiles en la educación de nuestros hijos. Sobre todo porque significa que existe respeto en los dos sentidos, hacía los niños y también hacia los padres, eso supone utilizar estrategias no violentas para corregir las conductas que no nos gustan de nuestros hijos, pero siempre y necesariamente, ofrecerles normas y límites desde la amabilidad y la firmeza, para que aprendan a regir su conducta a través de un proceso de aprendizaje significativo y no desde el miedo al castigo.

Cuando educamos a nuestros hijos los padres queremos hacerlo lo mejor posible, y lo hacemos desde el absoluto amor hacia ellos. A pesar de eso, a veces, fallamos o simplemente no sabemos hacerlo. Todavía existen algunos padres que defienden que para corregir a los niños o para que obedezcan es necesario utilizar el bofetón, el azote, el grito o el castigo. Sin embargo, está demostrado que el uso de una disciplina autoritaria tiene demasiadas consecuencias primero en el desarrollo infantil y posteriormente en la salud mental del adulto, muchos se aferran al siguiente razonamiento:  “como a mí me educaron así y estoy bien, no pasa nada“. A pesar de tener al alcance montones de libros, miles de recursos gratuitos en webs de educación, cientos de cursos… muchos padres siguen perdidos y no consiguen educar desde una autoridad y disciplina positiva, amable y firme a la vez,  sin permisividad. Es verdad que no es una tarea fácil, para cambiar la manera de educar y ofrecer al mundo hijos mejores, hay que querer hacerlo y creer en ello.

Cuando nuestro hijo o hija tiene un mal comportamiento, reaccionamos muchas veces porque estamos demasiados cansados, inmersos en el estrés, y… perdemos la paciencia porque no siempre se dispone de las herramientas necesarias y surgen los patrones educativos internos que hemos adquiridos durante nuestra infancia y acabamos teniendo una actitud inadecuada, recurriendo sin querer al autoritarismo y al castigo.

La buena noticia es que es posible hacerlo de otra forma, si paramos, respiramos y tomamos conciencia de que se puede hacer mejor, que queremos educarles desde el respeto y ofrecerles nuestra mejor versión como padres. No nos marquemos expectativas excesivas e irreales, pero sí planteémonos que podemos disfrutar del  proceso de educar a nuestros hijos, que queremos guiarles, además de obtener y ofrecerles bienestar. Desde EnpositivoSÍ queremos ayudarte , nuestros profesionales pueden enseñarte a llevar a cabo este reto apasionante de educar y preparar a nuestros hijos para el mundo que les tocará vivir,  porque SÍ podemos hacerlo mejor.

imagen: (c) Unsplash