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El equilibrio psicológico

Aristóteles nos decía, hace ya más de 24 siglos, que en el justo medio estaba la virtud, es decir el equilibrio entre dos extremos, desde el punto de vista psicológico ese centro o punto medio también es positivo, es lo que se denomina tener una alta estabilidad emocional.

 

Las personas que tienen ese equilibrio psicológico y emocional suelen tener un enfoque realista de la vida, no se ven afectadas con facilidad por los problemas o reveses cotidianos. Por eso, ante situaciones de estrés o dificultades, reaccionan con moderación y suelen reponerse con una relativa facilidad. Sus emociones son estables, no se dejan llevar por ellas, tampoco  por sus impulsos, en otras palabras no suelen tener grandes cambios de humor, ni de ánimo,  son pacientes, tranquilas, perseverantes y confiables. Las personas con una alta estabilidad emocional funcionan de una manera flexible y a la vez controlada.

 

En general cumplen estas características:

  1. Emocionalmente estables
  2. Buena capacidad para manejar sus emociones
  3. Enfoquen realista de la vida
  4. Aceptan lo que no pueden cambiar, pero cambian lo que sí pueden
  5. Toleran bien el estrés de la vida cotidiano
  6. Buena capacidad para manejar sus impulsos, no actúan de forma exagerada con gritos o lloros desproporcionados
  7. Son capaces de sentir compasión y empatía
  8. Conocen sus limitaciones  y aptitudes, saben  valorar sus capacidades y la de los demás
  9. Se enfrentan al contratiempo, intentan solucionarlo sin acudir a vías de escape como drogas, alcohol…
  10. Saben compartir, pedir ayuda y ofrecerla.

La mayoría de las personas solemos encontrarnos  en un nivel intermedio entre el nivel de  alta estabilidad emocional hasta un alto grado de neuroticismo o inestabilidad emocional.

Depresión en verano

Algunas personas se deprimen en verano: es el Trastorno Afectivo Estacional

La época estival se asocia a vacaciones, sol, playa, descanso y tiempo libre. Parece que todo el mundo desea la llegada del verano como agua de mayo, no obstante para el 1% de la población norteamericana el Trastorno Afectivo Estacional se produce en verano y no en el sombrío y frío invierno según la Sociedad Americana de Psiquiatría.  La explicación puede residir en parte en el calor, la humedad y los cambios de rutina que son afectados por el aumento en horas de luminosidad. Los síntomas consisten en menor apetito, insomnio y una mayor irritabilidad.

No debemos despreciar tampoco otros factores que pueden incidir en hacer del verano una etapa del año para olvidar:

  • Las expectativas de todo el curso pueden verse frustradas por la imposibilidad de tomar vacaciones a la vez que somos testigos de cómo nuestros vecinos hacen las maletas y se dirigen a su destino de descanso.
  • La comparación negativa con los demás o con pasados veranos en los que teníamos más energía y salud terminan por oscurecer nuestro ánimo.
  • El no tener que trabajar y el excesivo tiempo libre pueden dar lugar a sentir vacíos y preocupaciones que hacen que desconectemos de las posibilidades que tiene el presente.
  • La consciencia del paso del tiempo que se da en momentos como la Navidad o la época estival nos confronta con cómo hemos aprovechado el año.
  • El hecho de vestir con ropas que cubren menos o de tener que usar el traje de baño genera estrés en personas que son sensibles a la opinión de los demás.
  • Retirarse y no salir cerraría el círculo del aislamiento y de la autocompasión mientras la mayoría de la población se relaciona al aire libre.

Ante todo no se sienta un bicho raro. Duerma las horas necesarias. Salga a hacer actividades físicas en momentos de menos calor. Dedique tiempo a la relajación. Relaciónese con sus allegados. Acepte que este no es el verano de su vida y que no es el fin del mundo. No se avergüence de no estar como unas castañuelas.

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