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El Bienestar Psicológico

EL DESEO DE SER FELIZ

Conseguir la felicidad es un objetivo que todos tenemos, la Psicología Positiva, la ciencia que estudia la felicidad,  prefiere hablar de bienestar psicológico en vez de felicidad  y nos indica que nos hace bien todo aquello que nos ayuda crecer y nos hace fuertes, aunque no nos proporcione un placer inmediato. En su última columna Isabel Serrano de la revista Club Gente Saludable de TVE nos da varias estrategias para conseguir ese bienestar psicológico.

 

CGS BIENESTAR PSICOLOGICO

Parejas felices

Aunque no existe un secreto mágico para mantener el amor y la felicidad de la pareja, si le dedicamos diariamente algunos minutos, y si además, seguimos algunos de estos rituales estudiados por el Instituto Gottman,  es posible ser feliz en pareja. Isabel Serrano nos lo cuenta en su última columna de la revista Club Gente Saludable de TVE.

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Los celos

Los celos, “El monstruo de los ojos de los ojos verdes”

Los celos son un fenómeno complejo lleno de contrastes y ambigüedades que cuesta analizar a pesar de que son una experiencia cotidiana. Todos hemos sentido alguna vez en nuestra vida la punzada de los celos, ese “monstruo de los ojos verdes” en palabras de Shakespeare que nos confunde o nos atrapa para alejarnos del amor precisamente cuando más lo estamos buscando.

Tener celos es una emoción negativa 

Todas las emociones, positivas o negativas, tienen una función adaptiva y constructiva, las negativas son energías que nos protegen como individuos, mientras que las positivas nos ayudan a evolucionar como individuos y como especie. Tener celos es la emoción negativa que nos avisa que podríamos perder a nuestro ser amado porque hay un tercero en el horizonte.  El amor es la emoción positiva que sirve de contrapunto a los celos. 

Tal como indica Maslow, hay un amor que busca lo mejor para la otra persona amor de plenitud y el amor que es dependencia de la otra persona amor de deficiencia. Los celos destructivos manifiestan la ambivalencia del amor de dependencia.  Esa punzada en el pecho o el estómago que sentimos cuando un rival real o imaginario amenaza una relación amorosa (Pines, 1998) es la componente biológica de los celos. La emoción es el miedo al abandono y a perder al ser amado que subyace en todos nosotros desde nuestra más tierna infancia.  El aviso para que nos pongamos en acción con el objetivo de evitar ese dolor. Y la evitación del dolor es innata en todo ser humano.

A partir de esta sensación de disgusto se ponen en funcionamiento los archivos remotos aprendidos que contienen imágenes, creencias y temores de nuestra cultura y de nuestra historia personal y relacional, por lo que podemos actuar de manera constructiva intentando entender qué nos pasa y qué es lo que ocurre en nuestra relación para abrir paso a un proceso de diálogo.  O por el contrario, reaccionamos de manera destructiva convenciendo o controlando al compañero para que haga los cambios que alivien nuestro malestar lo que supone más sufrimiento y sensación de impotencia. Cuando esto ocurre los celos nos sitúan en un territorio intermedio entre la realidad y la fantasía, fractura por la que incluso se cuela la locura. ¡Todos conocemos el poder destructivo de los celos!

Si bien los celos son una experiencia universal (Fischer 2004, Freud, 1922, Pines 1998) hay una fuerte componente cultural en cómo se expresan. Las culturas latinas conciben los celos como compañeros del amor, la sensación de que le importamos al otro “el que no está celoso no está enamorado” decía San Agustín. Para las culturas anglosajonas son emociones incorrectas que no se deben mostrar a los demás, “nacen del amor a sí mismo más que del amor al otro” (Rochefoucauld).

Las cosas están cambiando rápidamente pero a día de hoy aún podemos observar diferencias entre hombres y mujeres a la hora de expresar los celos.  Los hombres tienden a negar los celos porque dañan su ego. Los expresan mediante cólera, ira e incluso violencia, si bien, luego se sienten abatidos más fácilmente. Se fijan más en la componente sexual. Exteriorizan la causa de los celos echando la culpa a la pareja, al rival o a las circunstancias, por eso, suelen adoptar una actitud competitiva ante el rival.  Las mujeres tienden a reconocer los celos y a ver amenazada su seguridad y la de sus hijos. Más dependientes pasan a formas de agresión pasiva o manipuladora. Suelen fijarse más en la relación emocional entre el compañero y la rival. Internalizan la causa de los celos y pueden echarse la culpa a sí mismas, por lo que, tienden a adoptar una actitud posesiva y se aferran a su compañero.

Los celos se confunden con la envidia pero no son lo mismo

    • Si sientes envidia deseas, consciente o inconscientemente, lo que el otro tiene. Es una relación diádica donde el malestar y la hostilidad activa o pasiva surge de la sensación de carencia con respecto a lo que el otro posee. Puede ser belleza, dinero, juventud, estudios, etc.
    • Los celos son una experiencia triádica al temer perder a la persona amada frente a un rival. Es el temor a perder algo que ya posee. Cuando se entrelazan las dos emociones la experiencia es doblemente dolorosa.

Los celos normales favorecen los cambios personales y relacionales, los patológicos perjudican a uno mismos, al otro y a la relación. Existen diferentes tipos de celos, Freud los clasificó de la siguiente manera:

    • Competitivos. Sentirse amenazado por una relación paralela reconocida.
    • Proyectivos. Sensación de vulnerabilidad ante la amenaza del rival. Incluye miedos y obsesiones. Dudan de sobre la veracidad de sus sospechas. Asociados a personalidades con rasgos dependientes o paranoides.
    • Ilusorios. Llamado también el síndrome de Otelo o celotipia. Distorsión de ideas, delirio e incluso violencia. La persona considera que sus sospechas son la realidad a pesar de las evidencias. Es un problema psiquiátrico que necesita tratamiento médico.

 

* Este artículo es propiedad de Isabel Serrano y de EnpositivoSÍ  y no debe publicarse sin permiso previo

Imagen : Edvard Munch – Celos

 

 


Síndrome del Complaciente

No es lo mismo ser amable con los demás que ser complaciente. Algunas conductas como no saber decir no y dar siempre prioridad a los necesidades de los demás, muchas veces a expensas de nuestras propias necesidades, pueden desembocar en el “Síndrome del Complaciente”. Este síndrome tiene consecuencias personales, físicas y emocionales graves, y además, acaba generando con los demás unos vínculos tóxicos. En su columna publicada en Club Gente Saludable de TVE,  Isabel Serrano nos ayuda a detectarlo con un test y nos da unas pautas para evitarlo y reforzar así nuestra autoestima.

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